martes, 22 de mayo de 2012

25 de Mayo


 
-“¡Eh! ¡Muchachos! ¡Héctor, Néstor! ¡Vengan, Che!-



-¿Llamó, general?-


-Si, Héctor. ¿Y el pingüino? ¿Dónde anda?-


Héctor Cámpora señaló hacia un grupo cercano.
-“Por ahí, General. Creo que estaba tratando de reunirse con Walsh.
Después del cumpleaños de Evita quedó muy enganchado
con “Esa mujer”, el cuento de Rodolfo”-




 Perón asintió:
-“¡Es buenísimo! ¡Gran creación de Rodolfo! Pero Néstor ya lo debe haber leído como 100 veces.” “Además…el cumpleaños de Evita ya pasó, che. Eso fue el 7, hace casi diez días. ¿Estuvo linda la fiesta, no?”

-“Buenísima, general. Vinieron muchos compañeros. Una banda, como dicen los pibes. Más que el año pasado”.


Perón sonrió:
-“Lo que pasa es que el año pasado muchos estaban ocupados preparando las cosas para las elecciones allá, en la Patria”. Este año, con Cristina reelecta, no había más excusas. Además: ¿qué peronista puede olvidarse del cumple de Evita?”-



-“La verdad que ninguno, general. Tal vez, allá abajo…algún pibe que recién comienza a militar”-

-“No subestimes, Camporita. ¿O no fueron pibes los que te bautizaron Tío, a vos?”-

-“Tiene razón, general. Parece ayer. Pero pasaron casi 40 años” –

-“Exactamente 39 años, Héctor. Treinta y nueve”-

-“¡Qué pibes los de aquella JP, General! Eran leones. Me contagiaban a mí, que ya era grandecito”.

-“Mirá Héctor: los jóvenes, los pibes, cuando van al frente, te llevan con ellos. Siempre pasa lo mismo”.-

Cámpora asintió:
-“Usted lo decía siempre: El Pueblo marchará con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”-

-“Y es así. Si sos un dirigente que se juega, te llevan en andas. Y si no te llevan en andas será porque les fallás en algo. En ese caso te llevan igual, pero a empujones, a patadas. Pero no perdamos tiempo. Quiero al pingüino acá, ya ¡Néstor! ¡Néstor!”





Néstor Kirchner se acercó sonriendo:
-“Siii, general, acá estoy. Hola, Tío ¿Cómo anda?”-





-“¿Vio, general? Otro que todavía me llama tío. Y mire que paso bastante tiempo, eh!”-

Perón acotó satisfecho:
-“Es que Néstor siempre seguirá siendo un joven, Eso también lo dije claramente hace mucho: Hay viejos de 20 años y jóvenes de 50. Néstor siempre fue de estos últimos”-

-“Gracias, general”-

-“No me agradezcas, Néstor. Es la verdad. Siempre tuviste una audacia poco común, propia de un joven.”-

Con una mezcla de humildad y satisfacción, Kirchner agradeció el elogio:
-“Y…bueno. Usted y Evita siempre fueron mis ejemplos, general”-

Perón insistió:
-“Si. Pero el mérito es tuyo. Tu gobierno, después de aquella elección con el 22%, fue un impresionante trabajo político. ¡Lástima que no hubo ballotage! Hubieras sacado el 60%”-

-“¡Epa! ¿No es mucho, general?”-

-“No. Yo siempre lo tuve claro. Había que jugarse. Y vos te jugaste. Te jugaste en las elecciones de ese año. Te jugaste con la Corte. Te jugaste con la derogación de las leyes de Obediencia debida y Punto final... ¿Qué te puedo decir de lo del cuadro? ¡Hay que tenerlas muy bien puestas para ordenar bajar ese cuadro, en ese lugar!”-



Kirchner explicó con orgullo:
-“Yo siempre pensaba en usted, general. En usted y en Evita. Era como si me protegieran, como si me empujaran, como si me dijeran: Dale, dale: hacelo bajar.
Dale, que cambias la historia”-

Perón asintió, sonriendo:
-“Y no te equivocaste. Yo, al principio me preguntaba si era el momento. Pero Eva era terminante. ¡Es ahora o nunca! me decía. No le costó mucho convencerme. Y tuvo razón ¡Te la bancaste muy bien! “-

-“Estaba convencido, general. Yo sentía eso mismo. ¡Era ahí o nunca!”-

“Y lo hiciste muy bien, Néstor. A vos también te dio el cuero. Y cambiaste la historia. Hoy, por fin, unos cuantos de aquellos asesinos están en la cárcel. Y otros en juicio. Ya los condenarán a todos”-

-“Si, general. Vamos por más. ¡Nunca menos!”-

-“Bueno, muchachos,- marcó Perón- vamos a lo nuestro. Los llamé porque quiero organizar lo del 25. Quiero algo bien grande”-

 -“¿Le parece, general?”-

-“Por supuesto, Héctor. ¿Te olvidaste lo que vos hiciste un 25 de mayo, en el 73?”-

Cámpora cerró los ojos, recordando con orgullo:
 -¡Cómo me voy a olvidar, general! ¡Presidente de la Nación! ¡Un peronista en la Rosada después de 18 años! ¡La Resistencia… el Plan de lucha! ¡Y traerlo de vuelta a usted, general! ¡Qué honor, que desafío!”-

-“Y cumpliste muy bien, Héctor. Porque vos tenés una virtud que en política no es tan común: ¡LEALTAD! “Siempre hubo muchos compañeros a los que yo podía darles una orden y la cumplían sin chistar. Pero…¿saben una cosa? solo los leales son capaces de analizar las situaciones, aportar información y opiniones, antes y después de recibir y ejecutar las órdenes. Así se facilita la conducción”-

Perón reforzaba sus palabras, señalando a Héctor Cámpora con el índice:
-“Porque yo no soy tonto. No en balde he sido militar toda la vida. Y un militar, alguien que conduce o pretende conducir un ejército o un Pueblo, necesita un estado mayor con capacidad de ejecución, pero también de observación, de análisis y de opinión, cuando es necesario. Eso se llama lealtad. Y vos fuiste un modelo de lealtad.”-

Cámpora explicó orgulloso:
-“Bueno, General. Yo estuve muchos años a su lado. Yo me hice en política junto a usted y a Evita. Para mí, llegar a Presidente del país era un regalo de la vida, de la política, y de usted, General”-

Perón amplió el recuerdo:
-“Y del Pueblo Héctor, del Pueblo. Tu asunción, aquel 25 de mayo fue sensacional: después de 18 años de proscripción volvimos al Gobierno”. ¡Que fiesta! El Pueblo en la calle festejando, todas las organizaciones juveniles, los sindicatos, que se habían “bancado” la resistencia y el Plan de lucha. Y por si fuera poco: ¡Salvador Allende y Osvaldo Dorticós, en el balcón de la Rosada!”
¡Qué fiesta!”-

La voz de Cámpora sonó más emocionada, aún:
-“Es cierto, General. ¡Después de tantas persecuciones, proscripciones, fusilamientos, cárceles! Pero los compañeros lucharon siempre. Desde el 55; primero los más grandes: los obreros, los gremios. ¡Y después los pibes! Cuando usted los convocó se pusieron en primera fila. Y por ahí andaba Néstor… Lupin le decían. Ese 25, venía en una columna de la JP de la Universidad de la Plata”-


Néstor mostró su orgulloso recuerdo:
-“Por supuesto, general. Ahí estábamos todos. Los compañeros de la JP La Plata éramos muchos y nos movilizamos desde temprano. Sabíamos que había que estar junto al “Tío”. Y que había que poner el pecho, porque nos dejaban la Patria prendida fuego y había que reconstruirla”.-



Cámpora, por su parte, se sumó al análisis:
-“Por eso yo decía entonces, General, que había que reconstruir un Estado eficaz. El Gobierno debe ser una Administración estable y eficiente, donde cada servidor del Estado, además de sus méritos técnicos, sea de una honradez insospechable. Como usted decía, general: El arte de gobernar consiste en relacionar dos objetivos aparentemente divorciados en el tiempo, que son: La felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación”-

Perón asintió:
-“Porque el capitalismo, muchachos, se vale de la libertad para acumular toda la riqueza posible. Y usó siempre todo el poder de la economía, para alcanzar sus objetivos de acumulación. Incluso, cuando es necesario utiliza la fuerza, como lo ha hecho, más de una vez, en nuestro País para someter y explotar a los trabajadores. Por eso nosotros hemos luchado sin descanso para imponer la justicia social, que suprimiera la miseria en medio de la abundancia. Y para eso es necesario trabajar por la Independencia económica. Porque no puede haber un hombre libre en una nación esclava”-

Néstor agregó, entusiasmado:
-“Porque los problemas de la pobreza no se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas económicas”-

“Bien, Néstor”-aprobó Perón- “Por eso hay que convocar y hablar mucho con los muchachos. La juventud debe tomar nuestras banderas para llevarlas al triunfo definitivo. Los jóvenes como vos, recuperaron, junto a los viejos luchadores, nuestro proyecto allá en el 73, después de 18 años de proscripción y persecuciones, de fusilamientos y cárceles”. “Después, llegó la dictadura más criminal, la del 76, y asesinó miserablemente a muchos de los mejores luchadores nuestros”
“En la vida no existen las casualidades.-continuó Perón.-“Y mucho menos en la política. Héctor juró como Presidente el 25 de mayo de 1973, y volvimos al gobierno después de 18 años de persecuciones y proscripciones. Treinta años después, otro 25 de mayo, pero de 2003, asumiste vos, Néstor.”
“Y fue otro retorno glorioso, después de la dictadura y el neoliberalismo de los 90. Lo que son las vueltas de la vida”-continuó- “En 1950, el año en que vos naciste ¿no?”. ”En ese año, precisamente, enterramos en Plaza de Mayo un mensaje para los jóvenes del año 2000. ¡Parecía tan lejos!”
“Yo decía ahí que cada uno de nuestros muchachos lleva el “bastón de mariscal” en la mochila y el futuro les pertenece.” “La juventud, con espíritu de rebelión positivo, luchará por resolver los problemas que el mundo actual plantea. Y así debe ser: porque tiene ese inalienable derecho, porque es ella la que ha de gozar o sufrir las consecuencias futuras”.


Néstor aprobó, entusiasmado:
-“A los jóvenes yo les decía: sean transgresores, opinen. La juventud tiene que ser un punto de inflexión del nuevo tiempo”-

“Coincido plenamente con vos, Néstor”- agregó Perón- Pero, cuidado: Yo, alguna vez, tropecé con una juventud dividida en pequeños sectores, dominados por caudillitos, con sus valores que yo no discutía, pero que resultaban negativos para la unidad que siempre se necesita”. “Por eso yo sostuve que hay viejos de veinte y jóvenes de cincuenta. Y vuelvo a ponerte como ejemplo. Cuando vos te viniste para acá, y te reuniste con nosotros, ya habías cumplido 60 ¿no? ¡Y seguís siendo joven!” ”Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero solo unos pocos llegan a lograr empuñarlo con honor o capacidad efectiva” “No se trata de tirar un viejo por la ventana todos los días, para ocupar su puesto, sino de entrar a trabajar humildemente, para aprender y demostrar que se tiene la capacidad que se presupone”.”¿No están de acuerdo?”

“Totalmente de acuerdo, General”-Néstor asentía con su cabeza- “Los pibes tienen que militar entendiendo que la militancia no es un “cursito” para ser dirigente en unos meses. Es un modo de vida. Uno puede militar toda la vida sin alcanzar nunca un cargo dirigente. Lo hace porque lo siente, porque comprende que ése es su lugar en la vida. El día que la vida brinda la ocasión, hay que usarla bien, tratando de hacer lo que uno decía. Ser coherente”-
“Hay que comprender que por lo general, en la sociedad, lo que genera violencia, no es la pobreza sino la desigualdad entre los que tienen, que cada vez quieren tener más, y los que no tienen, que cada vez tienen menos. ¿O no?”

-“Efectivamente, Lupin”- intervino Perón-“Cuando yo asumí, en 1946, fui contundente: Dije en la Plaza de Mayo, ante una muchedumbre, que me cortaría una mano antes de firmar un empréstito. Y lo cumplí al pie de la letra. Esa es una de las trampas: el endeudamiento, los empréstitos. Por ese camino, no solo no nos ayudan, sino que nos condicionan, nos “aprietan”. Los países “subdesarrollados”, en realidad, somos países que hemos sido “descapitalizados”, “endeudados”, y “condicionados” por el poder económico. Como dije hace muchos años: “el capital no tiene bandera”; se lleva todo lo que puede, de donde puede.”.
-“Por eso, ahora, allá deben estar más unidos que nunca, por el tema de los recursos naturales no renovables. El mundo necesita materias primas para las industrias y, si no estamos fuertes, se los llevarán hasta por teléfono”-.

“Recordemos la Constitución de 1949- intervino Cámpora- ¿cuántos la conocen hoy?
El artículo 40 determinaba que los recursos naturales no renovables eran patrimonio del Pueblo y serían administrados por el Estado Nacional en cooperación con las provincias”-

“Así es- Perón movió la cabeza sonriendo- Yo no he visto a nadie que pueda sembrar cobre, o litio, o petróleo, como quien siembra soja o trigo. No se planta: está o no está”. “Y, cuando lo sacás…se va, se agota. ¿Es importante para el desarrollo de las industrias? Bueno…que sea para el desarrollo de Nuestras industrias. Luego se podrá vender a los gringos lo que no se utilice en el país”.
“Pero no se puede ceder en eso. No digo que se vuelva a la Constitución del 49, la de don Arturo Sampay. El tiempo ha pasado y es difícil volver atrás el río. Pero hay que controlarlo para que no nos ahogue. O para que no se seque!”-

Néstor sacudía la cabeza. -“Usted sabe, general, cómo encontramos el país en el 2003.
Hecho pomada. Estábamos en el infierno. Y, poco a poco, comenzamos a salir. Es lento, pero logramos pasar al purgatorio. Hoy Cristina está atravesando ese purgatorio, y va en buen camino”.-

-“Ya lo sé. Yo he visto como, en nombre mío y de Evita, se hizo todo lo contrario de lo que siempre habían sido nuestras banderas. Nosotros siempre defendimos un Estado presente, eficiente, que controlara a los privados y que manejara las áreas estratégicas de la economía. Porque la economía… o la maneja el Estado en beneficio del Pueblo; o la manejan los grupos económicos en contra del Pueblo. Los “90” fueron durísimos”. “Ustedes…¿saben lo que es ver a un presidente que se dice peronista, abrazar a Isaac Rojas en la Casa Rosada?”
“Piensen en lo que es ver como se privatizan todas las empresas que nos costó años y años construir, les aseguro que todo aquello fue durísimo. Eva buscaba la forma de bajar, de mezclarse con los trabajadores, con el Pueblo, para tratar de levantarlos y parar todo aquello. Pero no es fácil. Por eso hoy a Cristina hay que respaldarla para que no la atropellen los pícaros de afuera y los traidores de adentro”-

-“Yo lo decía, general” -agregó Néstor- “la pobreza no es sólo un concepto económico, también es un concepto moral. Nos llega cuando nos han enfermado el alma, cuando nos han metido en la cabeza que cada uno de nosotros puede salvarse independientemente de lo que le pase al otro, que no interesa si el otro pierde el trabajo mientras yo lo tenga; que no importa que al otro le rematen la casa porque no la puede pagar mientras yo me voy de viaje”-

-“Bueno, muchachos- Perón los tomó del hombro- antes que se nos venga encima el 25, vamos a invitar a todo el mundo. No me tachen a nadie. Inviten a todos. Hay algunos que se van a borrar solitos. Así debe ser. Hay algunas caras que Eva no se bancaría. Allá, en la Patria, se arrimaban porque Evita se había venido para aquí antes que yo.”-

-“Bueno, general. Si le parece bien ya estamos comenzando.”-preguntó Néstor, a punto de salir corriendo.

-“No se olviden de los “maestros” Don Arturo Jauretche, Scalabrini, Homero, el “Pepe” Rosa, el “gordo” Cooke, Fermín Chavez, Discepolín,”- Perón cerró los ojos, evocando- “ Y los que se bancaron la más pesada, los años de la Resistencia: Julito Troxler y los compañeros de José León Suarez, los Cabo padre e hijo, Andrés Framini y su grupo de compañeros, los tucumanos Santillán y Arancibia, el “tano” Di Pasquale”, Atilio López…”-

 
 Cámpora acotó:-“Atilio, seguramente, vendrá con Tosco y… ”-


 -“Y bien venido que sea. Héctor, bienvenido”- Perón interrumpió el comentario- “Bienvenido. Y bienvenidos todos los que cayeron luchando de nuestro lado. Porque así como vendrá Tosco, vendrá Rucci, y Andrés Framini, y Sebastián Borro, y Saúl Ubaldini, y el mayor Alberte y…obviamente Walsh”

“- Y Germán Abdala , y el Cacho El Kadre…”- Néstor se apresuró a agregar- “Y Caloi, que llegó hace un par de días…”

“-Por supuesto. Y todos los 30.000 que cayeron durante la dictadura salvaje del 76”-continuó Perón-“Invítenlos a todos. Todos son nuestros compañeros. Lucharon por lo mismo. Y cayeron por lo mismo. ¿O alguien puede pensar que yo, si me cruzo con uno de ellos, le voy a preguntar si era de los nuestros o estaba un poquito más a la izquierda o un poquito más a la derecha”. “Muchachos…en política lo más difícil es construir. Siempre hay que construir. Si no hay ladrillos se construye con bosta, como ya dije alguna vez. Después, cuando se encuentran los ladrillos adecuados se irá reemplazando la bosta”-.



  -“Y los curas, general”-dijo Néstor- “el Padre Mujica, Monseñor Angelelli…”-

-“Y los palotinos de San Patricio”- interrumpió Perón.

-“General, no hay que olvidarse de Hugo…-comenzó a recomendar Cámpora.

-“¿del Carril? ¿Hugo del Carril?”- cortó Perón. “Hugo está invitado siempre. Si no está él ¿como cantamos la marcha? Sin él no es lo mismo muchachos. Con Hugo es otra cosa. Siempre fue otra cosa.”-





-“General…a Moreno, Belgrano, San Martín…, a los que tuvieron que ver con el 25 de mayo de 1810, supongo que también les avisamos ¿verdad?”-preguntó Néstor.

Perón lo palmeó: -“¡Excelente pregunta Pingüino! Esos no pueden faltar nunca. Piensen que ellos fueron los primeros que decidieron jugarse para que esta tierra y sus hijos fueran libres. El 25 de mayo de 1810 se comenzó a escribir una historia, que fuimos transitando con avances y retrocesos. En 1973 recuperamos el derecho del Pueblo a escribirla, después de la tragedia del 55. Y en el 2003, como bien dijiste antes, vos nos sacaste del infierno neoliberal. ¡Quédense tranquilos! Yo me ocupo de ellos. No va a faltar ninguno, van a venir todos. Estarán todos: Artigas, Guemes…Todos, muchachos, todos Yo me ocupo de los veteranos. Ustedes hablen con los más jóvenes.”- 

-“Muy bien, general”-respondieron a dúo, Héctor Cámpora y Néstor Kirchner.

“Bueno. Para terminar por hoy”-Perón los palmeó, mientras les hablaba-“pónganse a trabajar ya. Tenemos que festejar como propone hoy Cristina: ¡Unidos y Organizados!”-


“-Y recuerden que el éxito no es cosa de la casualidad o la suerte, como muchos piensan: el éxito se concibe, se planea, se prepara, se realiza y se explota. Es, en síntesis, una obra del arte de conducir que obedece a una teoría y a una técnica, pero que, más que nada, depende del “óleo sagrado de Samuel”, que cada conductor haya recibido al nacer… Y ustedes dos tienen la fortuna de haber recibido bastante”-. 


Esta conversación fue presenciada por dos testigos que, de común acuerdo, prefirieron no intervenir en la misma.
Uno de ellos fue Andrés Framini, veterano dirigente del gremio Textil.
El otro fue José Julián Abbruzzese, primer Tesorero del sindicato de Luz y Fuerza allá por 1948, su gran amigo y compañero de lucha de aquellos años de la resistencia peronista anterior a 1973, que se ingenió para hacernos llegar el relato de los hechos.
Después, don José tomó su guitarra y marchó a reunirse con Hugo del Carril para acompañarlo con la marcha que todos cantarían para festejar los tres 25 de mayo: el de 1810, el de 1973, y el de 2003.
Si prestamos atención, seguramente, quienes tengamos buenos oídos, los escucharemos cantar a todos unidos!


Gerardo Eloy Abbruzzese

martes, 15 de mayo de 2012

En marcha


Compañero,
no te quedes atrás
que El Pueblo viene en marcha
hacia un nuevo destino,
y nadie va a pararlo.
Pero no te desvíes,
porque el camino es este
y todos lo sabemos.

El ayer que dejamos
es nuestro, no es ajeno;
Del mismo modo
nuestro será el mañana.
Ya nadie va a vendernos
ni a imponernos,
fórmulas importadas.

Porque ya Nuestro Pueblo
encontró su camino
y está en marcha.
Porque ya nuestra Patria
no acepta más patrones,
cualquiera sea su plata,
cualquiera su bandera.

Por eso, Compañero,
no te quedes atrás,
no te desvíes,
porque el camino es largo
y todos hacen falta.
Porque llegó la hora
de liberar la Patria
y construir la justicia,
la que termine con los privilegios
y las postergaciones,
la que el Pueblo eligió,
              la Verdadera.

Gerardo Eloy Abbruzzese

jueves, 3 de mayo de 2012

Volverás


Vas a llegar en mayo.
Será el 7, en Los Toldos,
un pueblito pequeño, lejano, casi anónimo.
Perdido allá, muy lejos,
donde el indio regó con su sangre la tierra
que, luego, fue del blanco.

Vas a nacer en mayo, mes de Revolución.
Y eso será tu vida:
una lucha constante,
una pelea sin tregua, batalla tras batalla,
para cambiarlo todo y escribir otra historia.

Como una tea encendida vas a arder en tu fuego,
quemando las mentiras de la falsa moral,
convirtiendo en cenizas la hipocresía y la lástima,
para construir un mundo de Justicia Social.

Te amarán los de abajo:
los “cabecitas negras”,
los que siempre esperaron con las manos vacías,
los que siempre quedaron fuera de los repartos,
los que no conocieron más que falsas promesas.


Y estará bien que te amen,
que te nombren su reina,
que seas su hada buena, su eterna compañera.
Porque irás por la vida derribando injusticias,
construyendo derechos,
como en una epopeya.

Y hay otros que odiarán,
que desearán tu muerte.
En alguna pared dejarán su veneno,
pintarán “viva el cáncer” y esperarán ansiosos
con su rencor mediocre

Y estará bien que te odien quienes nunca han amado
más que a sus privilegios.
Cuando los “cabecitas” lloren tu despedida,
ellos, tras las ventanas, brindarán en festejo.
 

Porque ellos no sabrán
que el 7 de mayo, cada año,
vas a resucitar.
que, como prometerás antes de irte,
volverás.

Cada año volverás.
Y para ser millones, volverás.

Y esos millones les contarán a otros
que con vos, con Evita,
recibieron aquél primer juguete,
la pelota de fútbol, la muñeca primera.
y que, a diferencia de muchos de sus padres,
de tu mano también llegaron a la escuela.

Serán millones los que contarán
cómo pudieron sus padres
hacer “su primer casita”.
Serán millones los que explicarán
que se llamaba Evita
esa mujer que un día
les enseñó a luchar
por la justicia y por la dignidad.

Y esta bien que así sea,
hoy, y mañana , y siempre,
que cada 7 de mayo resucites.
Porque el Pueblo jamás olvidará
tu lucha y tu palabra,
que en sus oídos volverá a vibrar.

Vas a llegar en mayo.
Será el 7.
Vas a resucitar
en cada rinconcito de la Patria
como todos los años.
Y serás recordada con el amor de siempre.

¡Volverás!
Porque nunca te irás.

¡Volverás!
¡Y serás millones!

Gerardo Eloy Abbruzzese

miércoles, 14 de marzo de 2012

El regreso del Pueblo (25 de Mayo de 1973)

Y se llenaron las calles de banderas;
de carteles que gritaban: Presente,
de pañuelos que se agitaban
como una bienvenida
al Pueblo victorioso.
La Resistencia,
el Plan de lucha con sus huelgas,
los fusiles,
la sangre montonera;
todo estaba ahí nomás,
demasiado cerca,
demasiado caliente,
en los músculos, todavía tensos,
en los puños,
todavía apretados.
Y, sin embargo,
estallaba la fiesta,
la alegría,
los cantos vencedores.
Y se llenaron las calles de banderas.
Y los bombos
retumbaron a los cuatro vientos
una canción de Pueblo,
una música de Patria joven.
Y el grito de Argentina
nos unió como nunca
para decirle al mundo:
Acá estamos.
Triunfamos.
El Pueblo ya es Gobierno,
y él manda en esta tierra.
Y se llenaron las calles de banderas.
Y en las gargantas
el nombre de Perón se hizo alarido
y Evita volvió a ser grito de lucha
de un Pueblo decidido a liberarse,
para siempre,
de los de afuera
y de los de adentro;
de los conquistadores
y los entregadores,
de los explotadores
y de los traidores.
Y se llenaron las calles de banderas.
Y el 25 de mayo como nunca
flameó celeste y blanco,
cantó en el resonar de bombos,
en los estribillos,
en los carteles que gritaban: Presente,
en la Fé de todo un Pueblo,
Soberano,
Independiente,
como nunca
para siempre.
Y se llenaron las calles de banderas.
Y se llenaron las almas de esperanza.

Gerardo Eloy Abbruzzese
Mayo de 1973

viernes, 9 de marzo de 2012

La cacería

Reynaldo Soré no recordaba como se había iniciado en eso.
Tampoco le interesaba demasiado. Solo sabía que lo apasionaba.
Cazar era, para él, algo vital. Tanto como dormir o comer.
En algunas oportunidades pensaba que la primera vez lo había hecho en defensa propia.
En otras ocasiones sentía que la afición por la caza estaba latente en él desde su nacimiento. Esa idea lo entusiasmaba más. No le gustaba buscar justificativos para sus actos.
Al fin y al cabo, la caza era un deporte como cualquier otro. Solo que para Reynaldo Soré se había convertido en mucho más que eso.
Había pasado a ser el motivo principal de su vida, el móvil de cada uno de sus actos.
Dentro de sus posibilidades, trataba de dedicarle las veinticuatro horas del día. Cuando no lo hacía en forma activa, cuando no las empleaba en la lucha para doblegar a la presa elegida, las utilizaba en adiestrarse para ello.

-“Un buen cazador”- decía- “debe conservar, por sobre todas las cosas, un estado físico perfecto, una lucidez mental absoluta, y una velocidad de reflejos matemática.”

Horas, días, semanas invertía Reynaldo Soré para tratar de conseguirlo.
Y, en verdad, lo había logrado. Su vista descubría a la pieza mucho antes que ésta se diera cuenta.
Su mente elaboraba el plan de ataque con precisión y frialdad, eliminando riesgos, buscando siempre el golpe sorpresivo que tomara desprevenida a la víctima.
De lo contrario, el asunto podía hacerse más peligroso.
La fiera se defendía, en algunas oportunidades con tenacidad asombrosa, contraatacando, incluso, con ímpetu.
Más de una vez había estado a punto de sucumbir en la porfía. Pero sus magníficos reflejos lo habían salvado siempre.
Por otro lado, su sangre fría le permitía enfrentar los arrestos del animal a pié firme, sin vacilaciones, con todos sus sentidos puestos en un solo objetivo: vencer.

En esta ocasión su objetivo se hacía más imperioso que nunca. Aunque siempre que emprendía una empresa así pensaba que la nueva presa era superior a las anteriores, en esta oportunidad estaba totalmente seguro de ello.

No era la primera vez que se topaba con ella. Ya lo había hecho varias veces. Pero el animal parecía tener una rara habilidad, casi humana, para escapar a sus ataques.
Por eso se sentía fascinado. Por eso, y porque imaginar ese trofeo en su colección le causaba una extraña emoción, una mezcla de placer y temor, de satisfacción e incertidumbre.

Había tratado de sorprenderla muchas veces, pero no lo había conseguido.
Había intentado mil maniobras sigilosas, mil ardides cuidadosos, pero siempre sin éxito. Todo su coraje, toda su sangre fría, toda su tremenda habilidad para la lucha, se habían estrellado contra la indomable resistencia de aquella fiera.
Una, diez, cien veces había vuelto al ataque y siempre había fracasado. Sentía una impotencia que lo agobiaba y que, por momentos, hacía tambalear su agresivo espíritu.

Cazar aquella presa había llegado a convertirse en una obsesión. A veces se decía que era el único interés de su aventurera existencia.
En su afán, había renunciado a muchas piezas menores, que le hubieran ocasionado menos problemas.

Pero también la satisfacción hubiera sido más pequeña.
Esta era la presa de su vida. Solo luego de atraparla se sentiría totalmente conforme con él mismo.
Recién entonces se sentiría el más hábil, el más fuerte, el más astuto, el que nunca pierde una pieza: el Mejor.

Hacía unos días que había vuelto a encontrarla. Cuando la vio, comprendió inmediatamente que debía acorralarla, para que esta vez no se le escapara.
La observó trotar alegremente, despreocupadamente. Tuvo deseos de abalanzarse sobre ella, pero se contuvo. No quería fallar.
Quizás esta fuera su última oportunidad. Tenía que aprovecharla.
Debía ser más frío y reflexivo que nunca; planear todos los detalles minuciosamente.
Eso llevaba tiempo. Por lo tanto no había que apresurarse. Vigilar, si, cada uno de los movimientos de la que sería su presa máxima; no perderla de vista por ningún motivo.
Debía esperar el momento indicado. Tratar, incluso, de no asustar a la fiera, de no delatar sus intenciones. Ya llegaría la gran ocasión.

Así lo hizo. Tórridos mediodías lo vieron rastreando a su futura víctima, siguiendo sus pasos a la distancia para no ahuyentarla, conteniendo la sed; esa terrible sed que por momentos lo devoraba, pero que solo saciaría después de terminar la cacería.
Las noches lo sorprendieron al acecho, merodeando, tratando de acercarse metro a metro sin espantar a la presa.

Y, por fin, llegó el momento culminante.
La fiera aceptó el desafío. Se plantó, erguida, frente a su atacante, dispuesta a matar o morir.
La lucha se hizo encarnizada.
Por momentos, la fiera parecía claudicar, rendirse. Pero al instante reaccionaba con renovados bríos. Lo acosaba, obligándolo a retroceder para protegerse.  
Pero Reynaldo Soré no era hombre de renunciar a una presa. O triunfaba, y exhibía satisfecho su trofeo ante todos sus amigos, o moría peleando.

“Un buen cazador- se decía- no renuncia jamás. Pase lo que pase. Aunque sea la última vez que enfrente a una fiera”. ”La última vez…”

……

Cuando el sacerdote alzó su mano derecha, muchas diestras se elevaron, respetuosamente, para dibujar la señal de la cruz.
Estaban todos. Todos aquellos amigos que habían festejado cada hazaña de Reynaldo, que habían admirado la belleza de cada pieza capturada por el mejor del grupo, que habían sonreído admirados, frente a la mansa expresión de las fieras rendidas.

Pero ahora no sonreían. Había en aquellos rostros una angustia reprimida, un no querer resignarse ante lo irreversible de la fatalidad.
Pero la resignación llegó, inexorablemente, instantes después.

Fue cuando, ante la pregunta del sacerdote, Reynaldo Soré respondió:

“Si, padre”

martes, 17 de enero de 2012

Coplas de un militante a ... un militante

No te subas en el bote,
si no venís a remar.
No te subas en el carro,
porque antes hay que empujar.

No te pongas esa gorra,
que es gorra de capitán.
El birrete de soldado
se usa para comenzar.

No te subas a la estatua
que se empezó a construir,
desde abajo y sin apuro
se verá quién va a subir.

Eso de cortar camino
tiene lo bueno y lo malo.
Podés subir más ligero
pero bajar de un plumazo.

El que llega por un dedo
nunca puede descansar,
porque si un dedo lo puso
un dedo lo ha de sacar.

Gerardo Eloy Abbruzzese

sábado, 31 de diciembre de 2011

EL INVENTARIO DE JACINTO

Jacinto Corvalán tenía
un hijo nuevo y una pobreza vieja;
Los hijos eran tres y la pobreza solamente una,
y, sin embargo,
alcanzaba para todos.
Para los tres el mismo guiso chirlo
y la galleta dura;
pera los tres el mismo triciclo viejo
con las ruedas gastadas,
para los tres la misma escuela pobre
con la misma maestra,
vieja,
triste,
cansada.

Jacinto Corvalán tenía
dos manos hechas callo
de tanto pico y pala,
y un estómago verde
a puro mate amargo.
Y en cada zanja abierta,
en cada nuevo pozo,
Jacinto sembraba una esperanza
y enterraba una pena.

Jacinto Corvalán tenía
dos ojos que miraban de frente,
sin insultos pero sin cumplidos,
dos ojos que protestaban en silencio
por tanto sudor desperdiciado,
por tanta miseria vitalicia,
por tanta injusticia hecha costumbre.

Jacinto Corvalán tenía
una bronca caliente
que le crecía por dentro
cada vez
que alguno de los hijos se enfermaba,
cada vez que tragaban
el guiso chirlo y la galleta dura,
cada vez que la lluvia
le inundaba la pieza.

Jacinto Corvalán tenía
dos manos hechas callo
de tanto pico y pala,
dos ojos que protestaban en silencio
por tanta miseria vitalicia,
y una bronca caliente
que le crecía por dentro

Jacinto Corvalán tenía
tres hijos que crecían apurados
y una pobreza que lo mataba sin descanso,
en cada golpe de pico y de pala,
en cada madrugada
que lo veía marchar a la cuadrilla
dejando un beso tibio,
esperanzado,
en el futuro que dormía en cada hijo.

Jacinto Corvalán,
que casi no tuvo vida,
tuvo una muerte.
O, tal vez, ni eso;
a lo mejor se la prestaron
para que descansara,
hasta que sus hijos, con muchos otros hijos,
construyamos la Patria
Justa,
Libre,
Soberana,
esa, que entre sudor y pico,
entre miseria y bronca,
Jacinto Corvalán soñaba.

Y así será.
Porque en eso estamos.